Apoyo de emergencia al reasentamiento de desplazados internos

El largo camino a la mesa de negociaciones... y hacia un hogar permanente

A finales de la década de los 80, se redujeron las operaciones del Ejército contra la población civil que se escondía en las montañas. Pero las CPR todavía vivían precariamente, aisladas del resto de Guatemala. Buscar ayuda del exterior se convirtió en un asunto crucial. En Marzo de 1990, los dirigentes de las CPR convocaron a una asamblea de las comunidades, y se eligió a cuatro representantes para que viajaran en secreto a Ciudad de Guatemala. Su misión era lanzar al mundo la noticia de la existencia de las CPR y buscar el apoyo material y político que necesitaban con urgencia. "Entonces mucha gente, de Guatemala y del extranjero, se dio cuenta de que no éramos guerrilleros -como siempre había dicho el Ejército- sino que éramos comunidades de mujeres niños y civiles", dice Nazaria Tum Sanic, una de las cuatro personas que fueron elegidas para representar a las CPR en la capital. En febrero de 1993 se organizó la primera visita internacional a las CPR por vía terrestre. Participaron más de cuatrocientas personas, representantes de la Iglesia, activistas de derechos humanos, periodistas y representantes extranjeros. Esa fue una nueva etapa en la vida de las CPR.

En un clima de relativa seguridad, en comparación con los años anteriores, las bien organizadas comunidades pusieron sus manos a la obra para construir albergues más sólidos, extender sus milpas, organizar escuelas sencillas y hasta clínicas. Con ayuda de ONG internacionales, se dieron cursos de primeros auxilios y se formaron paramédicos. "La comunidad nos eligió para que diéramos clase. Todavía todo era muy básico. Al comienzo los niños usaban pedazos de madera como libros de ejercicios y carbón como lápices", dice Andrés López, hoy el director de la escuela de una de las comunidades reasentadas. Cuando los jóvenes acababan una "página", "nada más borraban las marcas de carbón y empezaban otra vez", dice con una sonrisa.

 A medida que la guerra llegaba a su final y el gobierno y los rebeldes de la URNG se reunieron en la mesa de negociaciones para dirimir sus diferencias. Para las CPR, empezaba a incubarse una nueva y potencialmente conflictiva situación, puesto que la tierra que habían estado ocupando en las regiones montañosas pertenecía a otros campesinos, quienes, una vez concluidos los combates, estaban empezando a reclamar sus propiedades. Los dirigentes de las CPR. iniciaron pláticas con el gobierno para resolver sus necesidades de tierra y de reinserción en la vida económica, social y política.

El proceso de identificar y seleccionar tierras se llevó la mayor parte de los primeros tres años de negociación. Primero el gobierno pretendía reubicar a todas las familias juntas, pero luego cambió su táctica e intentó ofrecerles áreas distantes una de la otra. "Antes lo único que sabíamos hacer era escapar. Pero estábamos aprendiendo a resistir y negociar con las autoridades", dice Agapito Pastor López, uno de los negociadores de las CPR. Mientras se prolongaban las pláticas sobre precios, ubicaciones y otros detalles, algunas personas de las comunidades, en las montañas, empezaban a impacientarse. "La gente nos preguntaba cuándo nos íbamos a reubicar, nos presionaban. Algunos hasta empezaron a sospechar que estábamos tratando de retrasar el proceso, de acuerdo con el gobierno", recuerda, riendo. Con la creciente presión que actores nacionales claves, como la Iglesia Católica, así como organizaciones internacionales tales como la Unión Europea, OXFAM, aplicaron al gobierno del presidente Álvaro Arzú, la primera hacienda, El Tesoro, en Uspantán, Departamento de El Quiché, se adquirió por fin a inicios de 1998, para que se reubicaran en ella cuatrocientas cincuenta familias.

El gobierno también estuvo de acuerdo en hacer los traslados de la población a su reasentamiento, muchos de los cuales se hicieron en helicópteros debido a las distancias. Finalmente, las autoridades prometieron a las más de dos mil familias que estaban en las montañas que, una vez que se reubicaran, se les compensaría por la pérdida de las cosechas y casas que dejaban atrás.

"Para nosotros ése fue el final de la tercera etapa. Pero venía otro período difícil", dice Nazaria Tum Sanic.

 


Testimonio de Nazaria Tum Sanic

 


Tour Virtual a las comunidades