"El día que mataron a mi papá también murieron otros doce"
Testimonio de Andres López

Andrés Raimundo López todavía tiene vívidas imágenes de la forma en que su familia y sus vecinos huyeron de sus hogares por primera vez. "Me acuerdo de la noche en que los balazos empezaron como a las diez de la noche. Las cosas todavía habían sido bastante normales. Estaba en mi casa y empecé a pensar que debía estar corriendo sangre en Nebaj, porque se oía bien alto. Nos asustamos y decidimos irnos de la casa y salirnos a la orilla del pueblo. Creímos que debían estar terminando a todos los que vivían en el centro. No sólo nosotros, montones de familias escaparon. Cuando iba amaneciendo los balazos se terminaron, pero todavía estábamos allá cuando el aeroplano empezó a volar sobre las casas. Eso nos asustó más todavía. Algunos salieron corriendo a esconderse, y dejaron todo lo que traían tirado en el camino".
El Ejército ordenó a todos los residentes que se reunieran y les informó que tenían que formar grupos de defensa civil para proteger al área de la guerrilla. Muchos participaron voluntariamente por miedo. Se les dijo que se reportaran a las barracas del lugar, donde se les dieron armas e instrucciones de patrullar las regiones ubicadas fuera del pueblo, e interrogar a quien encontraran. El militar dijo que suponían que apoyaba a los rebeldes quien no se hubiera presentado a la reunión del centro del pueblo.
Escondidos en la maleza de las afueras del pueblo, Andrés López y su familia estaban demasiado asustados como para volver. "Como ya estábamos a alguna distancia no fuimos. Si hubiéramos ido seguro que hubieran dicho que éramos guerrilleros". Así que mejor nos fuimos. Entonces formaron las primeras patrullas de defensa civil, ese mismo día a la una en punto. Los días siguientes empezaron a controlar todo el mundo. La mujer de mi hermano regresó al pueblo, sólo ella podía ir, pero de todas maneras la detuvieron para hacerle preguntas"
"Entonces decidimos irnos para siempre, porque el Ejército estaba por todos lados y no podíamos estar en paz. Algunos se fueron mucho más lejos, nosotros sólo nos alejamos un poco del pueblo".
Pero, habiéndolo dejado todo atrás, el padre de Andrés decidió entrar furtivamente a la casa de la familia, en busca de provisiones. "Eran como las cinco de la tarde. Él había regresado para recoger algunas cosas de la casa. Estaba como a unos 300 metros de la casa cuando el Ejército lo vio y le dispararon en la espalda. Pudo arrastrarse como unas siete horas hasta que llegó a la casa de mi abuela. Eran como la una de la madrugada. Se murió a las tres."
"Llevaba un montón de mazorcas para que comiéramos. Pero lo balearon en el camino. Ese fue su fin. Fue un gran golpe para nosotros, pero qué podíamos hacer. Y no era sólo él, mataron a otros doce en Nebaj ese mismo día, a algunos los habían torturado, les habían cortado las orejas o los brazos. Había otros cadáveres tirados en el camino, con los ojos de fuera".
Andrés, sus hermanos y sus familiares decidieron alejarse más adentro de las montañas, procurando evitar a las frecuentes patrullas de defensa civil y del Ejército. "Cuando mi papa se murió nos asustamos todavía más. Si no nos vamos otra vez, seguro nos matan, dijimos. Así que nos fuimos a otro lugar por un tiempo, pero el Ejército nos alcanzó otra vez y nos fuimos otra vez. Les prestamos tierras a los lugareños para cosechar, pero éramos montones y no había espacio para que todos sembráramos. Justo cuando el maíz se estaba madurando mi hermano se murió de hambre, no teníamos suficiente para comer, habíamos dejado todo. Comíamos lo que encontráramos en el camino".
"Como el Ejército siempre andaba detrás de nosotros, montones de gente se reunieron y decidieron formar grupos para ayudarnos a organizar el escape. Así fue que llegamos a Santa Clara. Si no nos hubiéramos organizado, no sé que hubiera pasado. Yo creo que nos habríamos muerto uno por uno, pero seguro que el Ejército habría seguido matando. No les importaba si uno no apoyaba a los guerrilleros, le disparaban a todo el mundo sin hacer diferencia".
Hoy, Andrés Raimundo López de treinta y cinco años, es el director de la modesta escuela de la comunidad reasentada de El Triunfo. Siente orgullo de la escuelita donde más de cuatrocientos niños mayas se educan de preescolar a sexto año de primaria. Tiene quince "promotores educativos", como se les conoce, hombres y mujeres jóvenes, como él mismo, que empezaron a dar lecciones bajo la sombra de los árboles, en las montañas, en medio de los ataques del Ejército a sus comunidades.
"Era difícil dar clase en las montañas cuando siempre había que tener un ojo en ver si el Ejército venía. En aquel tiempo era un verdadero sacrificio ir a la escuela y enseñar. Aquí es diferente"
Su meta es que la nueva generación, que está creciendo en relativa seguridad, pueda aprender habilidades nuevas para obtener empleos decentes "pero sin que se olviden de aprender nuestra realidad". Hasta el tercer año de primaria a los jovencitos se les enseña sólo en castellano, para darles un buen inicio. Después de ese año, también se les enseña en su nativo ixil, o en quiché.
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