"Ha sido trabajando juntos y luchando que hemos llegado a donde estamos hoy... eso es lo que le digo a las demás mujeres"
Esta madre de cinco hijos y ya abuela, de rostro jovial, es una clara dirigente entre los grupos de mujeres ixiles y quichés que bajaron de las montañas para reasentarse en la comunidad de "El Triunfo", en las calurosas planicies de la costa sur, muy lejos de sus lugares de origen. Ya que no le es extraño bregar contra la corriente, Mercedes crió a sus hijos sola después de que su marido muriera durante los años ásperos de la vida en las montañas. Durante los primeros y difíciles meses de su vida en sus nuevos hogares, la gente encontraba difícil adaptarse a los cambios de clima, paisaje y modo de vivir. Algunas familias se dieron por vencidas y volvieron al norte. Pero Mercedes urgió a sus compañeros a no desanimarse. "No se rindan, les dijimos, las cosas se van a poner más fáciles", recuerda haberles dicho.
Menos de dos años más tarde, hoy las mujeres de la comunidad trabajan como en una activa colmena. Ahora tienen su propia parcela de pimientos, está en construcción una tienda que manejarán las mujeres, y se ha formado un colectivo de mujeres para tejer los vestidos indígenas de brillantes colores; y este último también va a tener un edificio propio. Se ha procurado apoyo externo para cultivar otras verduras. "Las mujeres nos reunimos para ver si podemos hacer algo, cómo mejorar nuestra comunidad", dice Mercedes.
Siendo la fuerza que impulsa a las demás mujeres, su filosofía básica es simple: "estamos muy agradecidas por lo que ECHO y Oxfam han hecho por la comunidad. Pero sin nuestro propio trabajo colectivo no habríamos llegado a ningún lado. Si todo el mundo sólo hace lo suyo nunca podremos hacer que se mueva nada. Eso es lo que siempre les digo a las demás mujeres: dediquémonos con empeño a trabajar si queremos progresar. Si nos quedamos durmiéndonos en nuestros laureles, nunca se va a hacer nada."
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