Apoyo de emergencia al reasentamiento de desplazados internos

"Las cosas han sido muy duras para nosotros, todavía no confiamos en las autoridades"

Entrevista con Nazaria Tum Sanic, dirigente de las Comunidades de Población en Resistencia

¿Cuáles son los retos que las CPR enfrentan en este momento?

"Hemos atravesado tres etapas en nuestro desarrollo: la resistencia, la lucha política para anunciar nuestra existencia al mundo y romper la barrera que estaba alrededor de nosotros, y las negociaciones por la tierra. Ahora hemos superado la tercera etapa. Ha sido muy difícil reasentar a las comunidades, y en realidad todavía estamos en la etapa de emergencia. Va a pasar algún tiempo hasta que podamos dar el paso decisivo para desarrollar nuestras capacidades productivas. En lo que estamos trabajando ahorita es en preparar una estrategia para las comunidades. Aunque cada comunidad tiene una situación diferente, clima diferente, y así sucesivamente, es necesario que elaboremos una estrategia conjunta para dirigir nuestros esfuerzos en la misma dirección.

Por ejemplo, tenemos que definir las funciones de las autoridades locales en cada comunidad. Antes no teníamos tantos comités. Ahora es necesario que definamos qué va a hacer cada uno, no sólo en términos de sus estructuras, sino en términos de la producción. Tenemos tierra segura, pero tenemos que definir qué vamos a hacer con ella para que en realidad sirva como fuente de desarrollo para las comunidades, que es una de las metas últimas de nuestra lucha. En realidad estamos entrando a la cuarta etapa en el proceso de nuestras comunidades.

También hay todavía mucho que hacer con el gobierno. Nos prometieron compensaciones, hablaron de programas de desarrollo, pero no hemos tenido más noticias de ellos".

¿Porqué les llevó tanto tiempo llegar a un acuerdo sobre qué tierras adquirir?

"Bueno, ahí es donde se puede ver la falta de voluntad del gobierno de ayudarnos. Era parte de los acuerdos con los desplazados, era parte de las responsabilidades del gobierno. Nos hemos asegurado la tierra, pero eso no fue porque el gobierno quisiera dárnosla. Siguieron estirando y estirando las negociaciones, procurando separarnos, para que cada uno se fuera por su propio camino. Su política ha sido tratar de romper nuestra unidad.

¿Ha sido difícil para las CPR el proceso de transición de guerra a paz?

Si, ha sido duro. Encerrados allá en las montañas se llegó al punto de que estábamos totalmente separados de todas las instituciones. Ahora volver a salir significa un montón de adaptaciones.

¿Cómo ve el proceso de reconciliación post-guerra en Guatemala?

Prácticamente ha cambiado poco aquí en Guatemala. Este gobierno es de derecha, no está interesado en ayudarle a los pobres. Lo que nos queda es seguir luchando, porque ésa es nuestra experiencia.

Fue muy duro para nosotros sentarnos y negociar la tierra con el gobierno. No les tenemos confianza. Usted debe recordar que la guerra fue muy difícil para todos nosotros, pero especialmente para las mujeres. Perdimos hijos y esposos, hemos sufrido la mayor discriminación como mujeres. Nunca se nos ha tomado en cuenta, y siempre se nos ha visto como sin valor. Pero en las CPR nos dimos cuenta de que todo el mundo tiene que participar y puede contribuir con algo.

Díganos qué le pasó a usted y su familia durante la guerra.

Es una historia muy larga. Pasé diez años sin ver ni tener noticias de mis tres hijos. Cuando empezó la represión, mis parientes huyeron a la costa sur con mi hijo bebé, que tenía dos meses y unos cuantos días, y mis dos hijos mayores. No estaba cuando se fueron, huyendo del Ejército. Así que yo me quedé atrás, sola. Lo único que podía hacer era irme con los demás a las montañas, y convertirme en parte de las CPR. Cuando estuve allá me eligieron dirigente de la comunidad. Estaba a cargo de mantener en alto el espíritu de la gente durante aquellos momentos difíciles, de decirle a la gente qué hacer cuando llegaba el Ejército, cómo esconderse, a dónde correr, todo ese tipo de instrucciones. Después de eso empecé a trabajar con otras mujeres para proponer proyectos y ayudar a formar grupos de tejido, cosechar verduras, como manera de ayudar. Siempre me ha gustado trabajar con la gente. Ahora estoy encadenada a esta oficina (las oficinas de las CPR en Ciudad de Guatemala) pero espero poder salir otra vez para trabajar con la gente.

Y, ¿cuándo encontró a sus hijos?

Fue en 1992, cuando vine a la capital, elegida para formar parte de la primera misión de las CPR. Entré en contacto con organizaciones que ayudaban a los desplazados y de esa forma les seguí la pista. Para ese momento mis hijos estaban mucho más grandes. No creían que yo era su mamá y yo tampoco podía creer que eran los mismos niños. Yo tenía fijo en la mente que el pequeño todavía era bebé, como lo había dejado, pero ahora ya creció.

Encontrarlos fue un momento de tristeza y de alegría para todos nosotros. Les habían dicho que yo estaba muerta. El Ejército había secuestrado a mi papá y mis tíos, ocho en total. Así que mis parientes no esperaban verme viva. Cuando aparecí para ellos fue como si naciera de nuevo. Nos reímos y nos reímos hasta que lloramos de alegría."