Las nuevas comunidades de Nebaj: Turanza, Salquil, Vicalama, Ixtupil, Cotzal, Sumalito
"En apenas cinco días tendimos tres kilómetros de tubería para tener
agua en nuestras casas", dice con alegría Miguel Velasco Bernal,
dirigente comunitario de Salquil , hoy bautizada como "La Libertad",
uno de los nuevos asentamientos que se establecieron a una hora
en automóvil del pueblo de Nebaj, subiendo las montañas. Sólo asegurar
la compra de la tierra demoró más de dos años de intensas negociaciones
con el gobierno, pero una vez que se firmaron y sellaron los trámites
a finales de 1999, no fue necesario decir dos veces a la comunidad
que empacara y empezara a instalarse.
"En realidad estábamos muy desesperados por venir aquí", dice Miguel. Cuando las conversaciones empezaron, en 1997, ya muchas familias habían bajado de las montañas, y empezaron viviendo con parientes y amigos, con frecuencia hacinados. Nicolás Pérez y sus ocho hijos habían vivido con parientes de los alrededores durante un año antes de instalarse en la nueva comunidad. "Cuando llegamos vinimos prácticamente sin nada, sólo la ropa", recuerda. "Hubiéramos estado perdidos si no hubiéramos recibido ayuda de afuera" agrega con simplicidad.
Así como las viviendas, agua potable domiciliar, letrinas y medicinas, cada familia recibió herramientas agrícolas y utensilios de cocina básicos, azúcar, vitamínada y leña de parte del proyecto ECHO-OXFAM GB. "Verdaderamente nos beneficiamos con los insumos médicos y la capacitación... usted puede verlo en la mejor salud de la gente" dice el promotor de salud Mateo Maton Chel, de la comunidad de Turanza.
Las cosas no han resultado fáciles para los residentes de las seis
comunidades de los alrededores de Nebaj, que fueron casi las últimas
que se compraron y repoblaron con las CPR. La comunidad de Vicalama-
El Mirador se encuentra a tres mil metros sobre el nivel del mar,
y sólo se puede llegar a ella mediante un viaje de tres horas en
automóvil a través de caminos montañosos sinuosos y en mal estado.
En la estación lluviosa las rutas son prácticamente impasables.
El autobús de la localidad no puede llegar tan alto. "Llegamos a
pie, cargando unas cuantas cosas, cargando a los niños. Inmediatamente
pensamos, bueno, aquí no tenemos nada, pero más tarde o más temprano
vamos a tener que sembrar algo", recuerda Juana Brito Velasco, residente
de treinta años. Hoy en día ella es parte de un comité de mujeres
de Vicalamá-El Mirador, que se reúne regularmente para planear proyectos
colectivos, como sembrar pequeñas parcelas de verduras o tejer.
Como en las demás comunidades, las mujeres han traído consigo la
larga experiencia organizativa que adquirieron en aquellos días
en que vivían duramente en las montañas. "No es que ya tengamos
todo arreglado", dice Juana. "Todavía estamos planeando, verdad,
planeando como mejorar las condiciones de aquí, para satisfacer
nuestras necesidades".
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