De la Represión a la Resistencia
Si no fueran tan horriblemente reales, tan ricas en detalles, y
no tuvieran un contenido tan similar, podrían parecer exageraciones
las miles de historias que cuentan los mayas de Guatemala sobre
las atrocidades que sufrieron a manos del Ejército a fines de la
década de 1970 y los inicios de la década de los 80.
"Los soldados mataron a mi abuela, la cortaron como si fuera una
oveja, justo así. Luego rociaron a los niños con metralla. Después
de eso hicieron un hoyo enorme en el suelo, tiraron adentro los
cadáveres y les prendieron fuego", relata Mercedes Utuy, de treinta
y cinco años de edad.
"Mi tía estaba embarazada cuando la mataron. Los soldados le abrieron el vientre y sacaron el niño. Mi hermano también desapareció más o menos al mismo tiempo. Nunca supimos qué le pasó", dice el dirigente comunal Diego
Cobo.
Jacinto Raimundo Maton, de cincuenta y ocho años de edad, no pudo hacer nada para evitar que el Ejército se llevara a su hijo adolescente. "Lo amarraron como perro y lo arrastraron hasta que se murió". La reacción de Jacinto era una mezcla de miedo y rabia. Pero admite: "qué íbamos a hacer, no teníamos nada para defendernos, mientras que los soldados vinieron con rifles y aviones de guerra y todo su equipo militar".
Diego Cobo recuerda la forma en que el Ejército llegó por primera
vez a su pueblo natal, Nebaj, en 1980, y amenazó a los residentes
a no involucrarse con los incipientes grupos guerrilleros que estaban
empezando a tomar forma en la región. Cuando los soldados volvieron,
fue para empezar secuestros selectivos, dice Diego. Empezaron a
aparecer cadáveres en las afueras del pueblo. A medida que se incrementaban
las actividades de los guerrilleros, el Ejército los trató con mano
más dura. A fines de 1982 ya estaba prendiendo fuego a casas, cosechas
y animales domésticos, arrasando poblados enteros y matando a sus
habitantes, sin importar si estaban o no involucrados o simpatizaban
con los guerrilleros.
Ese fue el inicio de la migración forzosa de hasta quince mil campesinos
mayas. Bajo el acoso constante del Ejército y las patrullas de defensa
civil, fueron de lugar en lugar, cada vez más dentro de las espesas
selvas y montañas, en busca de un lugar para ocultarse. El alimento
era desesperadamente escaso y muchos murieron en su largo camino
hacia regiones más seguras, lejos de las cabeceras que entonces
ocupaban los militares. "Siempre andábamos a la carrera. Los soldados
venían, a pie, con los aviones", recuerda Feliciana Raimundo Cobo,
de cincuenta y cinco años de edad. "Salí corriendo con uno de mis
hijos, mi marido tenía a los otros. Pero con sólo frutas para comer
se me enfermó y se murió", dice con tristeza. "El Ejército quemaba
todo lo que encontraba. Cuando logramos sembrar algo de maíz, lo
hallaron y lo destruyeron. Pasamos noches enteras durmiendo debajo
de la lluvia".
"Nos escondíamos en las montañas, comíamos raíces y frutas, nos
escondíamos de los bombardeos y de los soldados", dice Nazaria Tum
Sanic, quiché de complexión fina. Cuando el Ejército casi los descubrió,
algunas madres amamantaron a sus hijos a la fuerza para detener
su llanto y evitar que alertaran a los soldados de su presencia,
según recuerda. "Fue extremadamente duro. No había comida, ni medicinas,
ni una muda de ropa. Y no podíamos bajar a los pueblos para comprar
nada. El Ejército nos tenía totalmente atrapados".
A medida que más y más campesinos asustados se reunían en las tres áreas principales que se encuentran al norte de El Quiché, empezaron a organizarlos, en primer lugar y sobre todo para sobrevivir en tan difíciles condiciones. Nazaria dice que se estableció un sistema simple de advertencia para alertar a la gente de la presencia del Ejército. Esa era una tarea primordial y vital, dice. Alimentar a una población creciente también significó organizar grupos para cosechar granos y raíces o recoger frutas. "Todos teníamos que trabajar juntos, no había vez que se hicieran las cosas individualmente, todo tenía que ser un esfuerzo colectivo", dice Nazaria. Se llamaron a sí mismos Comunidades de Población en Resistencia. "¿Porqué "Resistencia"? Porque allá estábamos resistiendo a las bombas, resistiendo el hambre, resistiendo cada eventualidad en las montañas", dice con orgullo.
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